House of Cards es una serie sobre las intrigas del poder en Washington DC protagonizado por Kevin Spacey y dirigida por David Fincher. Es una gran serie (recientemente ganó el Emmy a mejor dirección de una serie dramática) que ha roto muchos moldes de la mano de Netflix, el videoclub en streaming que la emite. En este vídeo Spacey destaca algunos aspectos clave de la serie y su emisión en Netflix que plasma la crisis que vive el sector y cómo solucionarla (mi resumen debajo):

Netflix fue la única “cadena” (y la pongo entre comillas por no ser una cadena televisiva tradicional sino una empresa que desafía el cine y la televisión convencional en la era digital) que no pidió un episodio piloto – un gasto considerable que exige mostrar demasiado en un solo capítulo, cuando la historia necesita más tiempo para ir desarrollándose.

Parte del éxito se debe a que Netflix puso todos los capítulos directamente a disposición de sus usuarios (y no el tradicional uno por semana), lo que demuestra que los espectadores quieren el control. Hay que darles lo que quieren, cuando lo quieren y en la forma que quieran, a un precio razonable, y pagarán (consiguiendo quitarle un poco a la piratería) – algo que la industria musical no aprendió a tiempo.

La duración y el formato (película, serie, en cine, televisión, iPad…) son etiquetas irrelevantes, se trata de contenido, de historias, y eso es lo que desea la audiencia. Además, una serie puede interactuar con la audiencia de una manera que la película tradicional jamás podría. La oportunidad está ahí y solo hay que cogerla.

En EE.UU. hace tiempo que se habla de la crisis del cine y la “edad dorada” de las series: Los Soprano, Mad Men, The Walking Dead, Juego de Tronos… Series increíbles, predominantemente de las cadenas HBO y AMC. Con House of Cards, Netflix, una cadena no convencional, no solo se ha puesto al mismo nivel, sino que también ha desafiado las reglas del juego. Spacey da en el clavo: dale a la gente contenido de gran calidad y libertad para verlo dónde, cuándo y cómo quieran. Y las cadenas, o mejor dicho: los “creadores de contenido”, que no tomen nota están condenadas.