Recientemente me crucé con dos presentaciones que me gustaría compartir porque me parecieron muy inspiradoras para todos los que nos dedicamos al marketing de una manera o de otra. Las dos vienen a decir lo mismo de manera muy diferente: cómo ofrecer experiencias relevantes a la gente.

La primera es de Brad Frost: “Muerte a la Mierda” (“Death to Bullshit” – video y diapos):

Fotos, libros, videos, Facebook, twitter, emails, cada vez más más y más, un torrente de información cada vez mayor y a mayor presión… y esto no ha hecho más que empezar. La revolución digital hace que todo sea más rápido, fácil y barato. Así que Brad Frost dice que hay que sentencia “muerte a la mierda”.¿Qué es mierda? El papel, la burocracia, la jerga técnica, el sensacionalismo, el oportunismo, los códigos QR, el spam, la publicidad… Según la Ley de Sturgeon “el 90% de todo es mierda”.La tolerancia a la mierda que tiene la gente está disminuyendo rápidamente. Respeta a las personas, su tiempo, a ti mismo. Ofrece algo bueno, utilizando tus habilidades con destreza, sin perder el foco. Pero sobretodo se original y apasionado porque lo que ofreces a la gente son experiencias. Todos somos creadores así que… ¡No creemos mierda!

La segunda presentación tiene un enfoque mucho más romántico y clásico, aunque igual de inspirador. Tim Leberecht habló en el Silicon valley Bank CEO Summit (de ahí que tuviera que ser más comedido) de cómo diseñar experiencias con significado usando nostalgia, misterio y frustración para crear valor más allá de lo medible (video y diapos):

Su tesis principal es que los negocios se han convertido en el principal sistema operativo de nuestras vidas, divorciándonos de gran parte de nuestra humanidad. Las empresas, ideas, negocios, han pasado de ser tradicionales a ser “Smart”, llevadas a la eficiencia de la dictadura de los datos. Pero, ¿estamos midiendo lo correcto? Muchos expertos dicen que no. En vez de medir diferentes tipos de valor, quizá deberíamos darle valor a algo que no podemos medir. Porque lo que realmente hacemos es crear significado.

Todos (como personas, como trabajadores, como consumidores) buscamos hacer cosas, tener experiencias con significado. Algo tiene significado cuando te saca de la rutina y es único, cuando te conecta a otros en algo que puedas compartir con una comunidad, y que eleva el espíritu de quienes han participado contribuyendo a un fin mayor que la acción realizada. Y no hacen falta grandes esfuerzos, podemos ofrecer esta sensación con pequeños actos de significado para nuestros compañeros, consumidores, trabajadores…

Desde el punto de vista empresarial, esto es lo que Tim llama “the business romantic”: considerar los negocios un vehículo para crear experiencias humanas que significan más. ¿Y cómo se puede hacer? Con nostalgia, misterio o frustración.

Nostalgia. Con el ritmo acelerado de innovación, hay una creciente tendencia a la retroinnovación, con experiencias que hacen revalorizar la relación con productos de manera similiar a cómo lo hacíamos antes. El mejor ejemplo es el último disco de Beck que lanzó pero no cómo música grabada sino en partituras preciosas con las que la gente podía cocrear y versionar (y creando escasez ficticia subiendo el valor de sus conciertos ya que era el único lugar dónde poderle escuchar).

Misterio. Cada vez está todo mejor pronosticado y planeado, lo que hace que la sorpresa y la novedad de más valor a una experiencia. KLM ha dado regalos aleatoriamente a sus pasajeros, o la app Situationist que te promete experiencias aleatorias con desconocidos que también participen.

Frustración. Vivimos en una era muy segura, todo es más fácil, sobretodo en la era digital. Pero si todo es demasiado conveniente, ¿dónde encontramos eventos críticos que no den significado? Igual es necesario meter algo de frustración para poder valorar esas experiencias. El mejor ejemplo: la industria de los videojuegos.

Explotar los datos es bueno para identificar soluciones a problemas que ya tenemos, o en encontrar nuevos problemas, pero no es bueno para dar soluciones a problemas que no existen todavía. Y eso es innovación verdadera: dar solución a problemas que no existían. No reduzcamos las personas a perfiles y algoritmos, devolvamos a los negocios la apreciación de la autenticidad, dando experiencias con significado que trasciendan la mera transacción.

Los datos dan la ilusión de verdad objetiva pero los consumidores no están interesados en la verdad, sino en experiencias que sean verdaderas, auténticas. En definitiva, Tim sugiere que no seamos científicos de datos sino creadores de autenticidad.