La tecnología permite recolectar muchos datos de todo tipo. Gracias a los smartphones y cómo interactuamos a través de ellos (ya sea voluntariamente o pasivamente), se pueden averiguar muchas cosas de cómo viven las personas en sus ciudades. Dejando el BigData y temas de privacidad aparte, todo ese mar de datos puede ayudar a hacer de las ciudades lugares más eficientes en uso de energía, qué infraestructuras faltan o sobran, hacerlas más respetuosas con el medio ambiente, etc. El uso inteligente de esta infomación y tecnologías para mejorar la vida de los habitantes de una ciudad es lo que se llama “Smart Cities.

En un artículo de El País ya nombraron un par de iniciativas en Madrid: la Empresa Municipal de Transportes trabaja con varias empresas no sólo para ofrecer al usuario más infomación sobre tiempos de espera del bus y demás sino también para que señalen incidencias, detectar patrones de movilidad… Mientras que la iniciativa Mad4Sports permite a los madrileños descubrir y compartir dónde y cómo hacen deporte en las calles de la capital. Hay otros proyectos mayores como Smart City Málaga, dónde Endesa pone a prueba una red eléctrica inteligente que mejore la eficiencia de la antigua infraestructura eléctrica, o Smart Santander, dónde 1100 sensores miden las plazas de parking disponibles y parámetros medioambientales como el ruido o la contaminación.

Pero sin duda una de las iniciativas más innovadoras es la de la ciudad de Nueva York, que tiene un equipo de Analítica para la Planificación Estratégica como departamento propio del ayuntamiento. A su director, Mike Flowers, la Casa Blanca le otorgó en septiembre el premio a uno de los innovadores locales más importantes y la verdad es que es impresionante lo que han conseguido.

En NYC hay unos 2000 incendios serios en edificios de viviendas, y en ocasiones muere gente. Una de las principales razones es que las viviendas han sido modificadas ilegalmente para poderlas alquilar a más gente. Resulta que hay unas 20.000 denuncias al año por este tipo de modificaciones, pero solo 200 inspectores. Para ser más eficientes con esos pocos recursos e investigar los edificios que probablemente fueran más problemáticos, el departmento de Analítica cruzó datos como impago de tasas, desahucios, año de construcción del edificio y datos socioeconómicos del barrio. Y funcionó. Antes los inspectores encontraban problemas en el 13% de los edificios, y ahora en el 80%.

Con esos mismos métodos han conseguido explotar los datos de accidentes para ubicar mejor las ambulancias inactivas, disminuyendo el tiempo de viaje cuando ocurre un accidente y así poder salvar más vidas. El departamento también aprovechó las mediciones de grasa en las alcantarillas para identificar posibles restaurantes que estuvieran tirandola ilegalmente por el desagüe. Pero no lo hicieron para sancionar sino para poner a los locales en contacto con empresas de tratamiento de grasa. Los restaurantes ahora podían vender este desperdicio, ganando un poco más de dinero y contribuyendo a contaminar menos.

Imagen: Trey Ratcliff