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El Círculo – Dave Eggers

Que las nuevas tecnologías no están cambiando la vida es algo que ya sabemos todos, pero ¿hasta dónde podría llegar a influenciar las ideas y políticas de los gigantes tecnológicos tipo Google o Facebook? Dave Eggers cuenta en esta novela la historia de Mae Holland, una chica que entra a trabajar en “El Círculo”, la empresa tecnológica más hot del momento.

Esta empresa ficticia es una mezcla de Google, Facebook, PayPal… todos los grandes en una sola empresa con ideas revolucionarias, como retransmitir tu vida en directo o poder ver a través de cámaras cualquier lugar del mundo. Un mundo donde la transparencia es total y se puede saber todo de todos, haciendo que todos se “comporten” y de esta manera erradicar la delicuencia y todos los males de la sociedad.

Puede sonar bien, pero claro, hay un dilema importante en ese planteamiento, al que poco a poco nos acercamos en el mundo real. Es una historia muy interesante de un futuro posible y no muy lejano…

Comparto, luego si acaso leo.

– Post anteriormente publicado en MisApisPorTusCookies

Ya debes saber que en el mundo online no basta con estar al día, ¡hay que estar al minuto! Con tanta información en tantos sitios y a tanta velocidad es fácil ahogarse en un mar de infoxicación. A mi me pasa, puede llegar a ser estresante, y lo que hay que hacer es organizarse.

Para empezar, hay que diferenciar dos formas de relacionarse con el contenido:

  • content snacking“, o lo que sería leer los titulares, simplemente dar una hojeada. A lo mejor simplemente con eso es suficiente, te entretienes un rato, te pones al minuto…
  • consumirlo realmente: ver el video, leer el post (si has llegado hasta aquí eso ya es un éxito!)
Todo el mundo sabe que ya no se lee nada. Los móviles y redes sociales hacen muy fácil compartir cosas y muchas veces compartimos sin siquiera haber clicado en el link. ¡Comparte esto si tu sí que lees!

Pero bueno, habrá cosas que realmente te interesen, por lo que tendrás que “guardártelas” para cuando tengas un poco más de tiempo. En mi caso yo uso Pocket y me encanta. Cualquier link que me parezca interesante me lo “meto en el bolsillo”, pa’luego. Después accedes (en versión app o desktop) y te presenta cada link con el contenido en formato plano, solo el texto, imágenes y videos del artículo sin publicidad, menús de navegación, ni nada, para que puedas centrarte en lo que querías ver. Además, si lo estás leyendo y te quedas por la mitad, cuando vuelvas a abrirlo automáticamente sale por dónde lo habías dejado. Por cierto, Facebook está lanzando una función parecida, aunque yo todavía no la he visto.

No obstante hay que incluir una tercera forma de relación con el contenido: guardarlo. Vemos tantas cosas que si después queremos volver a algo que hemos visto, sería un poco dificil de encontrarlo. Yo lo que hago es usar mucho Delicious. Para quién no lo conozca, este clásico de la web es una plataforma social de marcadores (bookmarking, favoritos…) donde guardas links y los taggeas para que te sea más fácil encontrarlos. Yo guardo tantas cosas que creo que puedo tener algún tipo de síndrome de Diógenes digital…

Ah, y si quieres automatizar el proceso entre Pocket y Delicious, siempre puedes usar Ifttt.

Y tú, ¿alguna otra app o truquillo para hacer más fácil el consumo y gestión de tu contenido?

@victorclar

El ciudadano creador – #8daysBCN

– Post publicado anteriormente en MisApisPorTusCookies

Esta semana se está celebrando en Barcelona el #8daysBCN: una semana de eventos sobre el movimiento de makers y economía colaborativa. El lunes acudí a la charla organizada por OuiShare titulada “La hora del ciudadano creador” – una charla muy interesante de un tema que me apasiona (y del que ya se ha hablado varias veces en este blog).

Empezó presentando a los ponentes Albert Cañigueral y hablando como Barcelona es sede de muchos proyectos y empresas de economía colaborativa, llegando incluso a ser la “zona cero” (según la revista Fortune) de la batalla legal que se está llevando a cabo entre las nuevas plataformas de consumo y los defensores de los sistemas tradicionales. De hecho, ayer mismo hubo huelga de taxis en Barna como protesta frente a servicios como Uber.

Y es que el “ciudadano creador” usa su conocimiento y recursos para crear sin pedir permiso, como defiende Javi Creus. Todos podemos acceder a internet para aprovechar la sabiduría popular y usar activos improductivos (habitaciones o pisos vacíos para AirBnB, coches o viajes en coche como en el caso de Uber, BlaBlaCar, SocialCar…) usando los recursos que tenemos de la manera más productiva y sostenible – al no tener que producir más activos para aumentar su uso

Cecilia Tham defendió que la globalización hasta ahora era diseñar algo y mandarlo a producir donde fuera barato para venderlo de vuelta aquí. Ese modelo no es sostenible, ni ético. Pero ahora tenemos un acceso casi infinito al conocimiento gracias a Internet, conocimiento con el que puedes construir proyectos, promoverlos, realizarlos y difundirlos gracias a una tecnología accesible y que cada vez es más barata. Así que el poder de hacer cualquier cosa ya no reside en las grandes corporaciones, los gobiernos o los ricos, sino que lo tenemos en nuestras manos. Todos somos superhéroes haciendo cosas de individuos normales, y si nos juntamos para usar nuestros poderes colectivamente, grandes cosas pueden suceder.

Pero ojo, no es lo mismo conferir esos poderes a la gente que usar los poderes de esa gente (“crowd empowering” vs. “crowd using”), como dijo Antonin Léonard, y hay muchas empresas que están disfrazándose de “colaborativas” sencillamente para evitar contratar y sacar provecho de personas que lo harán gratis. Pero la gente no es tonta, en muchos casos el resultado final no será el mismo que si lo hacen profesionales o la comunidad empezará a ver el abuso si se manipula o no se recompensa acorde a los esfuerzos que hacen los miembros (como mínimo con prestigio, como ocurre con la Wikipedia).

Al fin y al cabo, cualquier grupo colaborativo también depende de una plataforma para conectar, y la plataforma debe ser justa con los miembros, dándoles el poder para crear ese sentimiento de comunidad. Porque la plataforma solo vale lo que valga su comunidad, que es más que la suma de sus miembros. Neal Gorenflo de hecho dijo que las plataformas constituidas como empresas deberían dar sus acciones entre sus miembros, o encontrar nuevas maneras de compartir legalmente la propiedad de una plataforma, en un tipo de cooperativa digital por ejemplo.

Parte del problema que tiene el “ciudadano creador” está en que el sistema económico-fiscal actual no reconoce al individuo como una entidad económica, tienes que darte de alta como autónomo con el papeleo y los gastos que eso conlleva. En otros países como Francia o Alemania hasta 3000€/año se excluyen de tasas. Pero claro, ¿dónde se pone el límite? ¿Quién está compartiendo lo hace gratis, para cubrir unos gastos o para hacer beneficio? ¿Y qué define una cosa y otra? Estos nuevos modelos productivos ponen las industrias y procesos tradicionales del revés y el impacto sobre muchas actividades económicas puede llegar a  ser muy fuerte. Por eso mismo se ha promovido en Barcelona la Mesa de Economía Colaborativa, un lugar dónde los ciudadanos y administraciones locales pueden conversar sobre los retos que afrontan estos nuevos modelos productivos.

Todo este movimiento es comunista o libertario? Porque el individuo tiene más poder para hacer cosas a base compartir los recursos… Las clasificaciones tradicionales no caben en esta nueva realidad. Lo que es indudable es que es un movimiento imparable.

La soledad de las redes sociales

-> Post previamente publicado en MisApisPorTusCookies

Probablemente ya habréis visto este vídeo, tiene algunos meses. Mucho se estudia, se escribe y se dice de los efectos psico- y sociológicos que tienen las nuevas tecnologías en nosotros. Sinceramente, creo que todavía es un poco pronto para declarar que Internet nos bendice o condena, pero este video (en inglés) consigue plantearnos algunas cosas…

Básicamente dice que los humanos somos criaturas sociales y sin embargo la sociedad de hoy en día es cada vez más individualista. Buscamos auto-realizarnos mediante el consumo, la carrera profesional, nuestra imagen personal… Al ser cada vez más exigentes, vivir más rápido y querer tener ese reconocimiento social la tecnología nos ayuda a manejar más eficientemente nuestra vida personal en ese poco tiempo que tenemos para ella. Pero esta sustitución es una fantasía ya que sacrificamos calidad por cantidad, conversación por conexión, sustituyendo amistades profundas por experiencias supérfluas. Porque en la vida real no puedes editar y borrar comentarios, emails, posts, imágenes… En vez de construir amistades de verdad vivimos compartiendo contenido editado para dar una imagen de lo que queremos ser. No solo eso, nos garantiza que siempre seremos oídos por alguien y que nunca tendrems que volver a estar solos. Es decir: comparto, luego soy.

No soy sociólogo, ni psicólogo, y creo que algunas cosas del video son ciertas, otras pueden estar un poco exageradas. Está claro que las nuevas tecnologías nos influyen, han cambiado y siguen cambiando nuestras vidas. ¿Para bien o para mal? Personalmente creo que para bien, pero cualquier herramienta puede ser buena o mala, según el uso que haga cada persona. Y también creo que no hay que culpar a la tecnología en sí del mal uso que se haga de ella.

all this technology is making us antisocial

Lo que sí que me preocupa son las nuevas generaciones. Mañana cumplo 28 años, y he tenido la suerte de vivir antes de toda esta tecnología y ver cómo se ha desarrollado (y sigue haciéndolo). Eso hace que sea parte de la última generación que sabe cómo era la privacidad antes del mundo online, algo que las nuevas generaciones nunca sabrán. Y no podemos culparles si hacen un mal uso, solo será porque no hemos sabido educarles correctamente. Lo digo porque ayer mismo vi un tweet de @alexkinsella en el que mostraba un póster en el colegio de su hija:

THINK

Resulta ser una inicitiva del gobierno local de Waterloo, Canadá, que promueve el respeto mediante un uso positivo de las rr.ss. En el poster el acrónimo T.H.I.N.K. (“PIENSA”) nos invita a pensar si lo que vas a compartir realmente vale la pena hacerlo. Un buen consejo para todas las edades.

ps: madre mía, ahora que releo el post pienso “qué rollo acabo de soltar”… Será que me hago mayor…

Muerte a la mierda, somos creadores de autenticidad

Recientemente me crucé con dos presentaciones que me gustaría compartir porque me parecieron muy inspiradoras para todos los que nos dedicamos al marketing de una manera o de otra. Las dos vienen a decir lo mismo de manera muy diferente: cómo ofrecer experiencias relevantes a la gente.

La primera es de Brad Frost: “Muerte a la Mierda” (“Death to Bullshit” – video y diapos):

Fotos, libros, videos, Facebook, twitter, emails, cada vez más más y más, un torrente de información cada vez mayor y a mayor presión… y esto no ha hecho más que empezar. La revolución digital hace que todo sea más rápido, fácil y barato. Así que Brad Frost dice que hay que sentencia “muerte a la mierda”.¿Qué es mierda? El papel, la burocracia, la jerga técnica, el sensacionalismo, el oportunismo, los códigos QR, el spam, la publicidad… Según la Ley de Sturgeon “el 90% de todo es mierda”.La tolerancia a la mierda que tiene la gente está disminuyendo rápidamente. Respeta a las personas, su tiempo, a ti mismo. Ofrece algo bueno, utilizando tus habilidades con destreza, sin perder el foco. Pero sobretodo se original y apasionado porque lo que ofreces a la gente son experiencias. Todos somos creadores así que… ¡No creemos mierda!

La segunda presentación tiene un enfoque mucho más romántico y clásico, aunque igual de inspirador. Tim Leberecht habló en el Silicon valley Bank CEO Summit (de ahí que tuviera que ser más comedido) de cómo diseñar experiencias con significado usando nostalgia, misterio y frustración para crear valor más allá de lo medible (video y diapos):

Su tesis principal es que los negocios se han convertido en el principal sistema operativo de nuestras vidas, divorciándonos de gran parte de nuestra humanidad. Las empresas, ideas, negocios, han pasado de ser tradicionales a ser “Smart”, llevadas a la eficiencia de la dictadura de los datos. Pero, ¿estamos midiendo lo correcto? Muchos expertos dicen que no. En vez de medir diferentes tipos de valor, quizá deberíamos darle valor a algo que no podemos medir. Porque lo que realmente hacemos es crear significado.

Todos (como personas, como trabajadores, como consumidores) buscamos hacer cosas, tener experiencias con significado. Algo tiene significado cuando te saca de la rutina y es único, cuando te conecta a otros en algo que puedas compartir con una comunidad, y que eleva el espíritu de quienes han participado contribuyendo a un fin mayor que la acción realizada. Y no hacen falta grandes esfuerzos, podemos ofrecer esta sensación con pequeños actos de significado para nuestros compañeros, consumidores, trabajadores…

Desde el punto de vista empresarial, esto es lo que Tim llama “the business romantic”: considerar los negocios un vehículo para crear experiencias humanas que significan más. ¿Y cómo se puede hacer? Con nostalgia, misterio o frustración.

Nostalgia. Con el ritmo acelerado de innovación, hay una creciente tendencia a la retroinnovación, con experiencias que hacen revalorizar la relación con productos de manera similiar a cómo lo hacíamos antes. El mejor ejemplo es el último disco de Beck que lanzó pero no cómo música grabada sino en partituras preciosas con las que la gente podía cocrear y versionar (y creando escasez ficticia subiendo el valor de sus conciertos ya que era el único lugar dónde poderle escuchar).

Misterio. Cada vez está todo mejor pronosticado y planeado, lo que hace que la sorpresa y la novedad de más valor a una experiencia. KLM ha dado regalos aleatoriamente a sus pasajeros, o la app Situationist que te promete experiencias aleatorias con desconocidos que también participen.

Frustración. Vivimos en una era muy segura, todo es más fácil, sobretodo en la era digital. Pero si todo es demasiado conveniente, ¿dónde encontramos eventos críticos que no den significado? Igual es necesario meter algo de frustración para poder valorar esas experiencias. El mejor ejemplo: la industria de los videojuegos.

Explotar los datos es bueno para identificar soluciones a problemas que ya tenemos, o en encontrar nuevos problemas, pero no es bueno para dar soluciones a problemas que no existen todavía. Y eso es innovación verdadera: dar solución a problemas que no existían. No reduzcamos las personas a perfiles y algoritmos, devolvamos a los negocios la apreciación de la autenticidad, dando experiencias con significado que trasciendan la mera transacción.

Los datos dan la ilusión de verdad objetiva pero los consumidores no están interesados en la verdad, sino en experiencias que sean verdaderas, auténticas. En definitiva, Tim sugiere que no seamos científicos de datos sino creadores de autenticidad.

Primavera Árabe – no fueron sólo las redes sociales

Durante el final de septiembre ha tenido lugar la conferencia online ‘Facebook Revolutions?’ organizada por la Friedrich Naumann Stiftung für die Freiheit, dónde se ha hablado del papel de las redes sociales en la Primavera Árabe. Para mi, lo más interesante ha sido el video de Ethan Zuckerman (director del MIT Center for Civic Media y fundador de Global Voices) explicando el inicio en Túnez, y de cómo no fue solamente gracias a Facebook.

El descontento popular venía de lejos. Unos 2 años antes de que Mohammed Bouazizi se quemara a lo bonzo (el detonante de las revoluciones democráticas árabes), el régimen tunecino bloqueó Facebook para acallar unas protestas. No obstante, el grupo de activistas expatriados Nawaat fomentó que la gente siguiera usando Facebook a través de un servidor proxy, y tuvieron mucho éxito. Entonces el gobierno cambió de estrategia: permitir el uso de Facebook (mientras prohibía otras plataformas como Youtube o Vimeo) pero hackeandolo para conocer las contraseñas y actividades de los individuos. De esta manera la gente sabría que les están vigilando, coaccionando su posible activismo. El régimen también intentó ser más popular en la red social, de hecho Ben Ali llegó a tener 200.000 fans, pero ningún community manager podría haber contenido lo que se le venía encima al dictador…

Cuando Mohammed Bouazizi se inmoló a finales de 2010 en la pequeña ciudad de Sidi Bouzid (40.000 habitantes) , su familia empezó a realizar protestas y pronto se sumó más gente. Empezaron a grabar videos con sus smartphones y los subían a Facebook, ya que era la única plataforma dónde compartir video. Pero, ¿cómo iban a difundirse tan rápido las protestas de una pequeña ciudad si no podías ver el video a no ser que fueras ‘amigo’ de un activista (esto era antes de la opción de ‘Suscribirte’)? Además, el gobierno vigilaba, y podía ser peligroso intentar conectar con opositores al régimen.

Aquí entra de nuevo Nawaat, que desde fuera del país tomaron el contenido, organizándolo y subtitulándolo para ponerlo en manos de Al Jazeera (también resentida con el régimen porque no le había permitido abrir una oficina el país). La cadena de televisión fue quien le dio la difusión mediática necesaria. Así que no fue solo Facebook, sino la combinación de esta plataforma, el grupo activista y medios lo que permitió que todos los tunecinos supieran qué ocurría y pasar a la acción.

Así que la cobertura en medios convencionales sigue siendo algo muy relevante… al menos todavía. También creo que dependerá del país: nivel educativo, situación social, politización de los medios, grado de penetración y utilización de smartphones y redes sociales, entre otros mucho factores.

Sin duda, las redes sociales han ayudado a dar esos giros políticos, y seguirán ayudando. Y es que no se trata de revoluciones ‘gracias’ al socialmedia, lo novedoso es que ha sido la primera vez que se ha provocado un cambio social radical usando estas herramientas, pero no será la última vez. No olvidemos que se trata de una herramienta, que la verdadera protagonista ha sido y siempre será la voluntad del Pueblo.

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